En esta casa florece mi jardin.

Ecología interna

El Retiro, Antioquia. 
Nuevo territorio desde 02-28-2026

 

Novedades


Trabajo en pantuflas.

Seco la ropa al sol.

Me baño más tarde.

Antes de acostarme saco cucarrones y bichos del cuarto.

Me ha costado retomar el ritmo del trabajo.

Nuevamente el taller está dentro de la casa.

Veo el amanecer y el atardecer.

Por la noche suena la montaña.

Vivimos con 5 pájaros carpinteros y un árbol de aguacate.

Me rinde más el tiempo para lo “importante”

 

Lo importante

Lo primero que llegó a mi vida fue el piano. Estuvo conmigo hasta los 20 años de una forma constante. Luego llegó la arquitecta y dejé de vivir con mis padres, donde estaba el piano. Me alejé, no toqué más. Tuve dos intentos de retomarlo, pero no persistió.

En esta casa algo pasó que aún no entiendo: he vuelto a tocar piano y pude leer piezas que no lograba tocar desde mis veinte años. Algo se movió en mi cerebro: se volvió a conectar, solté un bloqueo y ahora puedo leer y tocar partituras. Sucede sin esfuerzo.

Uno de los muchos pendientes que tenía y logré hacer con el trasteo era digitalizar los vídeos de la cámara de mi papá. Quería ver cómo era chiquita, cómo me hablaban, cómo era mi familia, mi entorno. Me encontré con muchos momentos hermosos, era más alegre e inquieta de lo que pensaba. Me llamaban Anamaria. Son vídeos largos, donde pasa el tiempo real. Pasa mucho y poco. La cotidianidad sin celular y juegos al aire libre. En las montañas de oriente donde pasé mi infancia, las mismas a las que he vuelto hoy. En esos vídeos siempre estaba el piano. Tocando a los cinco, a los seis, a los siete y hasta la adolescencia. Algo se movió, como si le hubiera dado permiso al piano de estar en mí. Al reconocer su importancia en mis primeros años, lo dejé estar y pude volver a tocar. He estado asombrada con lo que pasa en el cerebro. Como si hubiera abierto una ventana que tenía cerrada y pude ver un lugar muy mío que me hacía falta.

En esta casa he vuelto a pensar en la multiplicidad. En cómo es ser una persona que hace muchas cosas, que un solo canal de expresión no es suficiente, que me gusta llegar a varios materiales y acciones con el cuerpo. Los últimos años me he concentrado en joyería, incluso algunos me conocen solo por eso, pero no es mi única capa. Tengo varias. En esta casa he vuelto a sentir que todas mis versiones pueden estar. Necesitan ser y el tiempo aquí se expande y me permite que estén todas por momentos.

He vuelto a pensar en el inicio del nombre de Taller sin Borde. Nació de un conflicto que me llevó a entrar a la maestría de artes plásticas. Buscaba aceptación por ser de muchas formas, con esa frase rondando cada cierto tiempo: hay que definirse, no puedo ser tantas cosas. ¿No? Encontré mi aceptación durante la tesis, al pensarme como una persona que se mueve entre las disciplinas por encontrarlas porosas, sin borde.

En un momento entendí que mi tiempo es otro. No trabajo por bloques de conocimiento, lo fragmento como un código de barras y entre un grupo y otro me caben otros códigos. Expando el tiempo para que me quepan varios saberes y haceres. Esa imagen que llegó mientras hablaba con alguien hace unos diez años me tranquilizó. En esa conversación tenía mucho afán de ser joyera y entrar a estudiar una técnica o algún estudio que me permitiera aprender en bloque “todo lo que se debe saber sobre la joyería”. Pero en ese momento entendí: si una persona aprende esto en tres años, yo lo voy a aprender fragmentado en quince. Y así fue, ya pasaron dieciseis años y por fin puedo decir que mi cuerpo y yo entendemos qué es la joyería.

Pero es curioso que justo en este momento quiero volver a ser más cosas. El cuerpo me duele cuando hago mucha joyería, no puedo hacer más de dos o tres horas al día. Estoy bien con eso, he vuelto a ver todo lo otro que hay. Hace un año pensaba en eso y me sentía ante un abismo, ¿qué iba a ser yo sin ser joyera? Hoy no me siento así, ¡hay tanto más! Vuelvo a sentirme una persona múltiple, que hace muchas cosas. Y cuando eso pasa, la misma vida se encarga de poner el trabajo al frente. Una amiga me pidió que le remodelara una casa. (Tengo que confesar que me dio resistencia y pensé que hay muchas otras personas que se dedican día a día a hacer casas, ¿por qué hacerla conmigo? Le pregunté y me dijo que yo era su diseñadora, ya habíamos remodelado la casa donde vive y es tan feliz ahí que quiere que yo siga siendo su arquitecta. Eso me da amor y gratitud). También siento que quiero concentrar gran parte de mi fuerza en enseñar, compartir lo que he ido recogiendo todos estos años: procesos creativos, joyería, meditación.

Los juegos de la mente son muy extraños. Yo pensaba que me permitía ser muchas cosas durante este tiempo, pero ahora veo que no fue así. Estaba sobre todo siendo joyera y en ese rol no cabían casi mis otros seres, o los dejaba solo para algunas personas, pero no caben tanto en mi perfil de Instagram. Pero ahora que vuelvo a sentir esa expansión, siento la necesidad de compartir desde muchos lugares. Tuve esa pregunta hace unos meses y ha sido hermoso ver cómo la gente se acerca para que exploremos la inquietud.

Tengo un amigo al que estoy acompañando con sus procesos creativos,  escucharlo me hace abrir aún más mis múltiples ventanas. Los que somos así por naturaleza, nos hemos visto envueltos en muchos conflictos. No hemos encontrado tantos espacios para ser expansivos y de todas las maneras, pues la mayor parte de la sociedad nos ve como personas que pican mucho, pero no se definen. Pero hay otras formas: nos podemos definir en ser muchas cosas, aprendemos a otro tiempo y encontramos nuestras propias formas de tejer lo que nos interesa, aunque, ante los ojos de los otros, esas partes no entren en diálogo. A este amigo, tal vez, la forma de acompañarlo es ponerle espejos para que vea esos hilos invisibles que conectan. Al verlos, se podrá dar cuenta de que no está perdido. Al poner las imágenes en diálogo, todo tiene sentido. Si se siembran, todo crece y se conecta con el micelio que es la creatividad. En el primer encuentro le dije: pongamos los proyectos a que toquen tierra. 

¿Qué es tocar tierra?

Al aceptar que somos una fuente de creatividad, ¿qué más da cómo se materializa? Esa fuente de vida debe salir, con cualquiera de las herramientas que vamos aprendiendo en la vida.

Así que en estos días leo, comparto, organizo, camino, escribo, medito, dibujo, tejo, hago yoga, toco piano, nado, enseño, hago un anillo, una lámpara, una escultura, una casa. Y eso poco a poco se vuelve lo que llamamos trabajar mientras me cuido y vivo. 

        


Y todo eso es lo importante. ¿Cómo así que lo importante? Todo este movimiento tiene un inicio: la muerte de Caro Gaviria. Sus pensamientos se clavaron profundo en quienes tuvimos la fortuna de estar cerca en su último tiempo. Nos decía frases que con el tiempo se han vuelto más fuertes y ahora que no está su cuerpo, siguen sus ideas retumbando en nosotras, como si ella se encargara de seguirlas diciendo dentro de nosotras para que no las olvidemos y movamos lo que tengamos que mover para que se vuelva urgente ser felices, vivir la vida a nuestras maneras, confiar, soltar el miedo, despertar el amor y concentrarnos en lo importante.

A ti, amiga, gracias por ayudarme a sentir la fuerza para hacer este movimiento, me había plantado en la casa nuestra por 13 años y fui feliz habitando ese refugio, pero necesitaba otro aire, otra tierra más abonada y con horizonte. Me estaba encerrando y recientemente no veía lo importante. La vida está hecha de muchas otras cosas que no son solo trabajo. Ahora veo que lo importante para mí es alimentar todo lo que contiene y sostiene la vida.

Gracias también a mi flaquito (Coco) por confiar en mí y permitir el cambio de ambos en un momento en el que la vida ya lo estaba moviendo profundamente. Han sido meses agitados y vitales. Como en el sueño de hace unos días: caminábamos en un terremoto donde veíamos sacudir la parte de abajo de los edificios, justo donde tocan tierra. Salía polvo y escombros, pero de alguna forma el edificio seguía en pie. Aquí seguimos, en pie, vivos, despiertos y después de conocer el amor más profundo en la fragilidad, la compasión, el cuidado, la vida y la muerte.

 

Para ser una fuente de creatividad 

debo tener viva mi ecología interna 

que se nutre de lo importante


¿Qué es lo importante para ti?

 

 

*Si quieres que te acompañe en algún proceso creativo que no ha tocado tierra, me puedes escribir. 

*También si quieres empezar un proceso de aprendizaje en el mundo de la joyería, tengo dos cupos disponibles. Aquí dos estudiantes que han estado en el taller:

  .  

*Y si quieres estar pendiente de las experiencias que tendremos algunos días del mes en nuestra nueva casa con Coco, revisa periódicamente nuestras publicaciones de Instagram; pronto estaremos listos para la primera.


Nota: La idea de Ecología interna la escuché en una meditación hermosa de la maestra Andrea Castillo. La pueden escuchar aquí:  https://www.audiodharma.org/talks/25102

 

Gracias por leer hasta aquí!

Continuemos el diálogo si algo de esto resuena contigo.

Escribeme al correo o a Instagram.

Con amor,

Ana María Jimenez

Taller sin Borde

 

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.